Blog/Vlog Yoga

¡Cómo el yoga cambió mi vida!

foto-destacada-normalHace casi 3 años, desapareció el futuro que había planeado. Se terminó mi relación y con ello volví de España a Perú. Aquí me veía. Todo nuevo, incertidumbres, miedos, dolor, poca fuerza, mucha vergüenza. Y en contraste: una fe y determinación inquebrantable. Enfocando toda mi energía en salir adelante y asimilar el mayor aprendizaje de ello.

Una amiga me recomendó hacer yoga. Así que, fui a un estudio y me inscribí por 6 meses. Algo dentro de mí me repetía que ese era el camino. Cuando lo sientas con el corazón, incluso con miedo y sin todas las respuestas, ve hacia esa dirección.

Tu corazón es sabio.

Aún puedo sentir la sonrisa en mi rostro al salir de clase. Aunque mi vida era un radiante “caos”, yo era feliz en ese momento. Ahí entendí que la felicidad estaba en el AQUÍ Y AHORA, en el camino.  Aprendí que, la felicidad se encontraba en mi interior o, mejor dicho: La felicidad ERA YO. Yo total felicidad y paz.

Y así empecé un rumbo que elijo sea eterno…

El yoga me enseñó que todo se basa en cómo respiramos y que ella siempre va a estar ahí para nosotros. ¿Quieres gritar? Respira. ¿Quieres golpear? Respira. Respira CONSCIENTEMENTE. Luego, medita, medita mucho. Finalmente, enfócate en la postura. La postura es importante, pero no es el centro, no hay que obsesionarnos con la postura “perfecta” (¡quizá sea ego!).

El yoga me enseñó que el poder se encuentra dentro de nosotros. Si nuestra sangre circula mejor, nuestro cuerpo se oxigenará. El oxígeno llegará a nuestro cerebro y tendremos mejores pensamientos que terminarán en mejores resultados. Aprendí que, en la meditación y práctica de yoga diaria, estaba la fuente de creatividad y mis mejores respuestas.

El yoga me enseñó a tener compasión conmigo y los demás. Entender que cada uno tiene su propio ritmo de aprendizaje. Así que, celebrémonos y abracémonos esos días en los que nos salía la postura y esos donde sólo quisimos practicar 10 minutos. Sin juicio.

Aprendí a escucharme y conocerme. Me hizo consciente de lo que valgo. Me di cuenta que no estoy sola, porque me tengo y me amo. Paradójicamente, también tomé consciencia de que como humana vulnerable, cuando me sintiera sola (aunque estuviera conmigo), siempre estaría mi mat. Al mat no le podemos mentir, él sabe bien lo que sentimos; ahí se nos revelarán nuestras verdades.

El yoga me enseñó a tener gratitud. A ser grata por tener un cuerpo sano que tiene fuerza para practicar. A valorar los milagros que se ven todos los días: salió el sol, los pajaritos cantan, estoy VIVA. Agradece que hoy abriste los ojos.

Ahora también soy profesora de yoga, porque no encuentro mayor gozo que ver cómo las personas son más felices con la práctica. Un día inspirando a ganar plenitud, ya es un día valioso. En el camino del profesorado, aprendí el poder mental, el amor incondicional, la fuerza de voluntad y la disciplina.

Además, el yoga eleva tu vibración; siendo fuente de atracción de personas y vivencias hermosas. Cambia tu energía, tu entorno se contagia y te sigue. Trasciendes al inspirar a los que te rodean. Se torna una espiral de transformación conjunta.

Finalmente (¡y maravillosamente!), es un estilo de vida (¡eres un yogui!). Practicas yoga en la cola del banco, cuando ayudas a un anciano a cruzar la calle, cuando respiras en lugar de contestar una ofensa. Ese es el verdadero yoga.

EMPIEZA. Con calma y fe. El camino se irá abriendo poco a poco…

 

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