alejandra lezama blog Blog/Vlog Coaching

La familia, el soporte emocional más fuerte que puede existir

He vivido una vida intensa. He tomado decisiones drásticas que podrían ser calificadas como riesgosas. Una y mil veces, cambié mis rutinas, mi casa, el país donde viví. Apelo a mi gran capacidad de adaptación y falta de miedo. Un día viviendo aquí, el otro día viviendo allá. He dejado Lima, mi trabajo, mi casa por amor. Dejé el mundo corporativo para dedicarme a mi propósito de vida. He vivido sola la mayor parte del tiempo. ¿El otro tiempo?, con dos parejas. He cometido muchos “errores” (lecciones) en ese camino de crecimiento. Al ser experta en tomar decisiones tan polémicas; aprendí a sustentarlas con madurez, defenderlas, llevarlas a cabo, asumir la responsabilidad y sus consecuencias. Desde pequeña fui así: lanzada, valiente, decidida, desafiante. Ha sido como un huracán y una montaña rusa juntas a la cual me volvería a subir. Pero, ¿saben? Ahí donde iba, ahí donde estaba; en España, en Tailandia, en Perú, durmiendo en el aeropuerto; siempre supe que tenía un HOGAR, una familia hermosa y unida donde llegar, un celular que siempre me iba a responder, un lugar a donde volver y sentirme calientita, los brazos de mamá, las historias de mi abuelo, los chistes de mi cuñado, la comida de mi abuela, los besos con baba de mis sobrinas. Esa es mi familia, la que ha estado siempre, la que me ha mostrado el amor más incondicional que he podido gozar, la que siempre me ha esperado para juntarnos en Navidad, la que ha apoyado lo que ellos llaman “locuras” con tal de verme feliz.

Tengo la dicha de tener familia inmensa, de esas que se juntan los fines de semana en la casa de campo para almorzar. Esas que se disfrazan en Navidad en una casa donde no entran los regalos. Esas que tienen las puertas abiertas para todos los que deseen ser parte de ella, aunque no lleven nuestro apellido (¡y por eso, sigue creciendo!). La familia es más del corazón y del alma; no del apellido. Durante toda mi infancia fui hija única, pero jamás me di cuenta, porque tuve 6 primas (hermanas) todo el tiempo a mi lado. Las tardes en la piscina, las chapadas, el jugar con las barbies, el taparnos nuestros secretos, el protegernos, los viajes; verlas crecer y poder sostenerlas como ellas también lo hacen conmigo. Un círculo hermoso de bondad, donde puede haber problemas, pero no negociamos el amor y los valores que nos unen.

Hoy, sólo les quería comentar eso, sin mayor teoría ni lección de aprendizaje explícito. Mi única intención es que piensen en su familia, y en lo gratos y felices que somos por tenerlos. Pasemos tiempo con ellos. Está bueno andar de fiesta y divertirse con los amigos, pero también son lindos los domingos en casa de la abuela, la peluquería con las primas, el cine con el sobrino. Con los años, la vida baja su intensidad y son ellos los que siempre seguirán ahí sonriéndonos. No tenemos idea del poder que ejerce en nuestra vida el unirnos y reconciliarnos con nuestro linaje y clan. Compartimos información, energía, lazos subconscientes. Conocerlos y honrarlos, es conocernos y honrarnos. No los juzguemos, porque, aunque nos cueste aceptarlo, nosotros los elegimos al venir a este mundo. Elegimos a nuestros padres (por ende, a nuestra familia) para aprender, para sanar, para trascender en ella. Mientras más amemos incondicionalmente a nuestro clan (sin juicios, sin culpa, sin rabia); más rápida será nuestra liberación y la liberación de nuestra descendencia. Existe más sabiduría de la que creemos en ellos. Conversemos con nuestros abuelos, conozcamos nuestra historia y luego, compartámosla con los que sigan llegando a ella.

Así que, ya sabemos; amémoslos completamente, digámoselos en voz alta, demostrémoselos. Acurruquémonos en sus abrazos cuando tengamos dificultades y demos los nuestros en reciprocidad. Es el equipo que elegimos para vivir en la Tierra. Hagámoslo nuestro aliado. No tenemos que perdonarlos, perdonémonos nosotros por haberlos juzgado. Este plano de vida es frágil y finito, y porque hoy estén, no quiere decir que siempre será así. No lo demos por sentado. Digámosle lo que sentimos; incluso un poco más y en exceso. Amémosles demasiado, porque el amor siempre vence.

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