alejandra lezama Blog/Vlog Coaching

¿Por qué nunca es suficiente el amor que mi pareja me da?

La respuesta es sencilla: estamos buscando que el otro cubra el amor que nosotros mismos no nos damos. Buscamos que el otro nos reafirme que somos valiosos, porque no somos capaces de ver nuestra valía y todo el amor que somos.  No podemos creer que con nuestro amor basta y sobra para ser felices.

¿Por qué sucede esto? Porque tenemos miedo. Porque tenemos pasado, historias, heridas; que desencadenan en juicios, culpas, ataques, manipulaciones, comparaciones y frustraciones. En mayor o menor grado, esto nos pasa a todos. Es natural que el miedo se active. El miedo a perder, a que nos dejen, a que no seamos suficientes.

Ese miedo nos quita el bienestar y, entonces, empezamos la agotadora carrera de buscarlo por un camino equivocado: buscamos afuera lo que está dentro. Para recobrar la felicidad, empezamos a validar que nuestros juicios son los correctos (Ejm: “Si me quiere, tendrá que dejar de salir con sus amigos y quedarse conmigo.”). Luego, empezamos a convencer que nosotros tenemos la razón. Pero, aunque después de mucho desgaste, logremos que nos den la razón; nos daremos cuenta que no es suficiente y exigiremos más. ¿Saben por qué no es suficiente? Porque nada que salga del miedo puede darnos paz, porque el miedo jamás podrá suplantar lo que nace del amor.

El miedo siempre se reflejará en carencia y, por ende, nos seguiremos sintiendo vacíos. Para llenar ese vacío, seguiremos pidiendo: tiempo, dinero, amor, caprichos. Y como al recibirlo nos sentiremos bien, entonces vamos a querer retenerlo desesperadamente. Vamos a querer guardarlo sólo para nosotros. No vamos a querer compartirlo. No vamos a correr el riesgo de perderlo. De aquí nacen los celos, las ataduras, las desconfianzas, en fin, todas las causas de que nuestras relaciones se tornen TÓXICAS.

¿Sabes por qué se da esta dependencia? Porque hemos encontrado afuera algo que no encontramos en nosotros: AMOR. Porque no podemos creer que ya lo tenemos dentro. Con ello, no digo que no recibamos el amor que se nos da; todo lo contrario, aceptarnos como merecedores de amor es una gran muestra de sentirnos valiosos. Sin embargo, comprendamos que: Eso que recibimos, suma, nos hace desarrollarnos, inspirarnos a ser mejores, nos hace reír; pero que NO DEFINE NUESTRA FELICIDAD. Estoy completo, sin escasez, independientemente de esa felicidad externa.

¿Cómo puedo empezar a amarme? Sanemos nuestros pensamientos. Comprendamos que ellos crean nuestra realidad y que de ahí parte todo. Muchas veces, el miedo nos hace ver la vida de una manera que NO ES REAL y desde ahí actuamos.  Por ejemplo, mi pareja no me responde el celular un viernes por la noche y no sé dónde está. Entonces, pienso que puede estar siéndome infiel. Desde el miedo, tomo eso como cierto y mis emociones empiezan a ser de desesperación, inseguridad, temor al abandono. Desde ahí, actúo. Entonces, cuando llegue a casa, le gritaré, le reclamaré, lo insultaré. ¿Y si, le pasó un inconveniente?, ¿Si se tuvo que quedar hasta tarde en el trabajo? Les cuento que eso es posible, pero nuestros miedos hacen imposible que lo creamos. Desde el miedo, nada bueno puede salir. Desde el miedo, nuestra realidad será caótica y hagamos lo que hagamos, jamás sentiremos la paz que tanto deseamos.

Hasta hace 5 años, yo también solía ser víctima de ello. Me aterraba la idea de perder a mi pareja y cuando veía que estaba un poco distante, se activaban todos mis miedos y mi desesperación por retenerlo. Lo intenté de muchas maneras, siendo sumisa, reclamando, negociando; pero nada era suficiente. La felicidad llegó el día que tomé consciencia de que la solución estaba en mí, que había que sanar en mí. Cuando afronté mis sombras del pasado, mis carencias que me hacían sentir poco valiosa, mis miedos diciéndome que no era suficiente para alguien. Cuando creció mi amor propio, me validé como mujer, supe que era hermosa tal como era, cuando era puro amor en mi interior; estuve lista para recibirlo de otra persona. Estuve lista para compartir mi amor, para dar mi amor, para darlo de verdad: sin esperar nada a cambio.

El amor incondicional no espera ni unas gracias, porque cuando el amor te desborda, no hay necesidad de esperar que te devuelvan lo que das. Basta con esa energía de amor que ya tienes en tu interior. Cuando el amor te desborda, no quedará de otra que esparcirlo y serás tú el que de las gracias al otro por permitirte compartirlo con él.

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