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El increíble día que volví a ser incoherente emocionalmente

Hace quince días aprox., por una semana entera, toda la paz y calma con la que vivo…SE DERRUMBÓ. Mi nivel de incoherencia abarcaba todos los aspectos de mi vida: no hacía yoga, no meditaba, estaba dedicándole mi enfoque a actividades laborales y no laborales que no me hacían feliz. Lo más sorprendente es que no me di cuenta cómo terminé en esa realidad. Mi nivel de autoconocimiento y reflexión me han permitido decidir con certeza cada paso que doy, pero aquí estaba, viviendo en una película en la cual no quería ser actriz. Se me venían pensamientos como: “…pero si renunciaste a tu trabajo para tener la vida que deseabas y lo conseguiste, y ahora vuelves a sentirte igual de asfixiada. Me di cuenta que, esto me había sucedido, porque había estado tomando decisiones desde una creencia que ya había eliminado hace años de mi vida: “En temas laborales no se pueden desaprovechar las oportunidades, tu di SÍ nomas”. Volví a decir SÍ a muchas actividades, cuando realmente deseaba decir NO.

Todo ello me llevó a que perder lo más importante para en mi vida: MI PAZ INTERIOR (y perderla, no es negociable para mí). Una vez más, me veía ahí, dejando de percibir los milagros del día a día por andar corriendo, por andar “produciendo” como una maquinita. Por andar apurada tratando de tachar toda la lista de pendientes que tenía (de los cuales la mitad realmente no deseaba). Olvidé que, lo único que existe es EL PRESENTE. ¿Por qué dije tantos Sí que no quería? Por miedo a decir NO (porque “el trabajo escasea”, ¿no es cierto? – es ironía), por compromiso, porque el ego me hizo creer que era gratitud, por miedo a perder oportunidades (porque “las oportunidades no vuelven, así que hay que tomarlas”, ¿no es cierto? – ironía otra vez).

Entonces, me postergué, me traicioné, me puse luego de un sinfín de personas, situaciones y necesidades externas. Fui incoherente entre lo que pensaba, sentía y hacía, y por ello mi frustración consciente e inconsciente. Pensaba que, quería dedicarme exclusivamente a servir a las personas desde lo que a mí me gusta, sentía que eso quería hacer, ¿y, que hacía? Decía SÍ y llenaba mi agenda de actividades que, si bien eran enriquecedoras, no iban acorde con lo que hoy había elegido para mí.

Me pasé una semana sin hacer yoga, SIN MEDITAAAAR ni un minuto al día, sin enfocarme en mi respiración, comiendo lo primero que tenía al frente a cualquier hora, sin ver a mi familia. Gracias a Dios, no volví a fumar ni beber. ¿Eso que generó en mí? Que no tenga paz, que estuviera cansada, que no disfrutara nada, que sintiera todo como una obligación (cuando siempre me hace feliz decir que lo que me realizo es mi pasión y un disfrute constante, que incluso haría gratis). Me estresaba y me ponía ansiosa, y eso se notaba en mis gestos y respuestas, las cuales no eran mal educadas, pero estaban cargadas de cierta energía turbia. Ansiedad y estrés, emociones que no sentía hace tanto. Además, al dormir poco, mis pensamientos no eran del todo sanos y lúcidos. En fin, sentía un colapso total.

¿Qué fue lo hermoso de este proceso? ¡Uy!, fueron varios aprendizajes que luego detallaré, pero me alegró sentir que mi cuerpo empezó a reclamarme. Al cuarto día de no hacer yoga, mi cuerpo comenzó a dolerme espantosamente, mis músculos se contraían muy fuerte y me dolían desde la punta de la cabeza a los pies. Cuando eso sucedía, yo pensaba: “Es mi cuerpo diciéndome que no me olvide quien soy, que conecte una vez más con mi esencia, que me necesito en paz y en calma para mí y los demás”. El dolor era tan fuerte que sabía que me lo pedía desesperadamente. Claro está que, al instante de volver a hacer yoga, el dolor desapareció.

Al ser una mujer de acción. En esa confusión, me di un espacio para calmarme y pensar: ¿qué es lo que realmente quiero desde el corazón? ¿Qué es lo que haría si mi cabeza no ingresara con sus pensamientos, si no le diera espacio al miedo? Las respuestas llegaron y entonces empecé a generar cambios rápidos. Asumí con responsabilidad las consecuencias de mis actos y me senté a decir NO a muchas actividades programadas. Esto último, fue muy difícil para mí, porque siempre parto de que “yo soy mi palabra” y entonces, me dije: “Ok, no lo viste claro hace unos días, tente compasión, no siempre tienes que verlo todo tan claro, no te culpes, agradece que hoy si tienes lucidez y empieza a ser tu palabra hoy, la palabra que te diste a ti, retoma el camino de la coherencia y autenticidad.”

¿Para qué me pasó esto? Así es la vida, nos pone pruebas a todos, porque todos somos dualidad (divinos y HUMANOS), nadie se salva. La magia se encuentra en detectar estos retos cada vez más rápido, tomar consciencia, generar los cambios necesarios o soltar para trascenderlos. Poco a poco, conforme empecemos a practicar esta coherencia emocional en los pequeños actos de la vida, será casi automático y estas “pruebitas” serán más esporádicas. No las atraeremos más a nuestras vidas, ya que habremos aprendidos. Les dejo mis principales aprendizajes:

– Me devolvió una buena dosis de humildad y valentía.

Me recordó que, por más toma de consciencia que tenga, por más “elevada” que me considere, SOY UNA HUMANA VULNERABLE que tengo derecho a cambiar de opinión, a tener miedo y salirme un poquito del caminito para retomarlo apenas lo haya detectado. Además, que soy valiente, porque que soy capaz de generar los cambios necesarios y asumir las consecuencias como persona responsable (“no soy víctima de las circunstancias”).

– Siempre hacer lo que mi corazón me dicte al oído

Por más presión y temor que sienta, mi corazón siempre tiene la mayor sabiduría. Elijo seguir confiando en mi intuición como pilar principal. Por ejemplo, desde antes, tenía el presentimiento que esto iba a suceder, pero dejé de escucharme. Entonces, me tocó aprender desde el dolor (aprender luego que nos suceden las cosas y no desde una experiencia previa o de otro). Entonces, retorné a una de mis más poderosas creencias actuales: “Todas mis acciones se mueven desde el amor incondicional y el servicio”. Recordé que, lo que hago lo realizó por amor, no por dinero y que este vendrá como consecuencia, como medio para seguir sirviendo. Sé que suena difícil de creer, a mí también me tomó tiempo vivir bajo este paradigma, pero si realmente nos dedicamos al propósito para el cual hemos venido al mundo, muchas puertas mágicamente se nos abrirán, porque es el Universo diciéndonos: “Sí, estás en tu camino, te acojo y apoyo a expandir ese potencial.  Te regalo toda la abundancia para que sigas beneficiando a la Humanidad desde tus dones”. Elijamos confiar, el Universo nos espera con su abundancia e infinitas posibilidades.

– Me enfoqué

Volvió la frase que un amigo coach siempre me repite (y me taladra la cabeza todo el tiempo): “Enfócate Alejandra, ENFOCÁTE”. Volví a mi creencia: “Somos un jarrón de energía que se agota”. Cada partícula que dejamos ir en un pensamiento que no suma, en una actividad que no suma, en una acción que no suma; nos aleja de nuestro objetivo. La energía es lo más valioso que tenemos. Cuidémosla, porque de esa vibración parte toda nuestra abundancia. Elegí enfocarme en las actividades que estén acorde con mi plan de metas, con mi corazón y propósito de vida.

– “Mi prioridad soy yo, mi primer amor soy yo.”

No somos egoístas cuando nos elegimos sobre los demás. No somos egoístas cuando decimos NO a una reunión, o nos vamos antes de algún evento o no contestamos alguna llamada. Estamos preservando nuestra paz. No somos egoístas. Somos amor propio, cuidando nuestro templo para que se mantenga en paz y calma. Sólo siendo amor propio, vamos a poder esparcir ese amor al mundo. Enfocarnos en nosotros es el mayor regalo que le podemos hacer a la sociedad, porque desde esa paz, claridad, felicidad y amor, vamos a poder dar amor y sostener al resto en su despertar. Si nos encontramos estresados y ansiosos, no podremos darle nuestro 100% a todos los que amamos. Por eso mamitas (por eso mamita mía), cuando se sientan culpables por salir una noche con sus amigas y dejar a los niños en casa, quítense esa culpa, libérense de ella. Ese el mejor obsequio que le están haciendo a sus hijos y familia, porque luego volverán felices y podrán darles más amor. Además, al ver que mami se ama locamente como la primera persona, son ejemplo de amor propio para ellos, enseñándoles a hacer lo mismo y entonces, ellos serán libre de apegos y expectativas externas.

Agradezco que esto me haya pasado. Ha sido una Bendición, un maestro duro y milagroso. Lo agradezco de corazón, ya que me ha empoderado aún más en mi esencia y camino. Lo agradezco, porque hoy me permite compartirlo con ustedes para inspirarlos, aunque sea a un cambio pequeñito.

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