alejandra lezama blog Blog/Vlog Coaching

Tienes una sola vida. Esta. Aquí. Ahora. Y se está pasando. Despierta.

¿Nos hemos puesto a pensar, cuánto de lo que hacemos es realmente, porque nos hace felices? ¿Cuántas horas del día le dedicamos a nuestros sueños? ¿Las actividades que realizamos, las elegimos CONCIENTEMENTE o porque nos dijeron que “así debía ser”? ¿Qué es el éxito PARA TI? ¿Los pasos que das, están en dirección a ese éxito? ¿Qué te lo impide?

Durante mucho tiempo, viví con un concepto de éxito prestado, que no era mío. ¡Ojo! No estoy aquí para dármela de víctima. Agradezco cada paso, que, por decirlo de alguna manera, estuvo “fuera” de mi camino actual, porque sin ellos, no estaría hoy escribiendo esto. No habría hecho todo el proceso de introspección que me encanta y seguiré por toda la vida. No tendría la capacidad para conectar con las personas cuando se sienten desorientadas y se cuestionan su razón de ser.

Sin embargo, es verdad, que conocer auténticamente qué queremos y por dónde avanzar hacia ello, se refleja en un gran bienestar. Inyecta a nuestros días de una energía muy fuerte para accionar. Aún en los momentos de más dudas y miedos, sabemos que nuestra Verdad no es negociable. Sí, podemos cambiar conductas y planes en el camino, pero la meta sigue ahí, inamovible. Es el motor que nos hace avanzar. El saber nuestro propósito de vida nos hace levantarnos felices, disfrutando de lo que hacemos, gozando del momento presente. Alivia la presión de la meta futura, porque el camino para llegar a ella, nos divierte.

Una manera para saber si es que estamos haciendo lo que deseamos, es preguntarnos: ¿Me levanto feliz?, ¿Me ilusionan mis días?, ¿Me enamoro de mis planes?, ¿Soy feliz en mi trabajo? A veces, no es que seamos vagos, no es que no hayamos nacido para nada en especial; es que simplemente NO HEMOS ENCONTRADO NUESTRO SENTIDO DE VIDA. Eso con lo que queremos dejar huella, con lo que esperamos trascender y hacer felices a los demás. Los invito a mirar más amplio y profundo en esa búsqueda. Más allá de lo “tradicional”, de lo preconcebido por la sociedad. Quizá, nuestro propósito de vida sea ser malabarista, ama de casa o pintor. Y NO ESTÁ MAL. No tenemos que ser un gerente exitoso ni una gran figura pública para sentir que nuestra vida es valiosa. (Y si lo queremos, también es sano). Nuestro único deber es vivir en coherencia, ser felices y SENTIRNOS EN PAZ, conectados con nuestro momento presente, gozando con todos nuestros sentidos, dejando sonrisas a nuestro paso. Sólo cuando hacemos lo que amamos, podemos esparcir amor a nuestro entorno. No creo que, para nuestros hijos y la Humanidad, funcione una mamá frustrada ni un papá estresado todo el tiempo. Esto sólo es un círculo de miedo y ego. Un círculo tóxico para todos los involucrados.

Preguntémonos: ¿Qué es la felicidad para nosotros? Pero preguntémonoslo sin “estafarnos”, desde el corazón, desde las vísceras, en nuestra soledad, sin las creencias con las que nos educaron en nuestra familia, sin lo que nos dice la publicidad que “tenemos que lograr”. ¿Si no hubiera límites, miedo, responsabilidades, etc…cómo te gustaría verte?, ¿Haciendo qué? Esa es tu Verdad. A nuestro corazón no le podemos mentir. Entonces, diremos: “Ya, ok, sé a qué me quiero dedicar, pero no tengo los recursos ni el tiempo para hacerlo”. Quizá, hoy no lo tengamos, pero si tenemos claro que nuestro propósito no está en duda, podemos “trabajar”, aunque sea todos los días un poquito para llegar a ello. Pequeñas acciones. Sabiendo que todo ello en determinado momento (pongámonos una fecha límite), nos permitirá dedicarnos exclusivamente a lo que soñamos. Entonces, no veremos el camino como un sufrimiento, porque sabemos que es un esfuerzo y que ya estamos generando acción para lograr lo nuestro.

Y si sentimos apatía hacia lo que nos dedicamos ahora mismo. Si nos encontramos estancados. Si dudamos de que no es lo nuestro, pero no estamos seguro por dónde empezar. ¡Ojo! La insatisfacción o incomodidad, es signo de que no estamos siendo coherentes. Entonces, empecemos observando ahí. Adentrándonos en esa emoción. Reflexionemos y anotemos nuestras fortalezas y áreas de mejora, nuestros talentos (¿para qué somos buenos?), nuestras pasiones (aquello que nos mueve el corazón), en qué quisiéramos mejorar el mundo (necesidades de la Humanidad). Luego de ese ejercicio, nos quedará más claro por dónde es que podríamos empezar.  Entonces, generemos movimiento, es decir, ACCIÓN. Decirle al Universo: “Ok, estoy listo para averiguar y cumplir mi misión en este espacio terrenal.” Tal vez, haya muchas opciones, pero empecemos por algún lado. Exploremos. Probemos. Desarrollemos nuestra creatividad.  No es una pérdida de tiempo, es conocernos y divertirnos en otras facetas. Empecemos a mover la energía. Poco a poco, iremos teniendo mayor autoconocimiento, las señales irán llegando, y con certeza, sabremos quién somos y qué queremos ser. En ese momento, generemos un plan de acción. Créeme, conforme vayamos avanzando, las puertas se irán abriendo, oportunidades irán llegando, porque será el Universo diciéndonos: “Estoy aquí, dándote toda mi abundancia para que desarrolles lo que has venido a ser y hacer.”

Y si, habrá momentos difíciles, momentos de dudas, momentos de querer retornar al camino habitual, conocido y predecible. A veces, a mí también me pasa, tal vez un par de veces al año más o menos. Algo activa mi miedo, y entonces, me cuestiono todo, lloro (casi siempre sola), medito, medito mucho. Me siento como en una montaña rusa. En un espacio con mucha incertidumbre. Tranquilo. Es natural.  No nos resistamos a sentirlo y vivirlo. Son años de creencias enraizadas en nosotros. Creencias como: “Para ser exitoso tienes que estudiar mucho, incluso no dormir.”, “Tienes que ser abogado como tu padre.”, “Todo en esta vida cuesta.”, “El dormir es una pérdida de tiempo.”. O seguir, la misma línea de tu familia: estudiar en el mismo colegio, la misma Universidad (la mejor del país), la misma carrera, luego una empresa de prestigio y etc. En ese momento, no nos abrumemos, los miedos van a pasar, pero siempre recordemos cuál es nuestro sentido, conectemos con ese valor atrás de todo lo que estamos haciendo para lograrlo. No olvidemos que NUESTRO SUEÑO NO ES NEGOCIABLE, mas las acciones para llegar, si puedan ser reconsideras; es válido y necesario. Dejemos de ver como una tortura el no tener todo lo que nos hemos propuesto. Mejor observémoslo como que el proceso es la meta y estamos disfrutando. Estamos siendo felices cada día. ¿Si cambiamos la creencia: “La meta es el éxito” por “El camino es el éxito”?  Desapeguémonos del resultado. Disfrutemos nuestro presente, cada risa que tenemos mientras lo vamos logrando, cada semillita que sembramos y va teniendo frutos. Relajémonos. Soltemos el control. La vida es incierta y, mientras más rápido la amemos así, más plenos seremos.

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