alejandra lezama blog Coaching

Los 6 primeros meses desde que conocí a Miguel

Hace 6 meses, más o menos, conocí a Miguel. Creo que, algo ya saben de él. Ya he escrito un poquito sobre nuestra relación.

Miguel llegó en un momento de vida donde supuestamente yo me encontraba “súper preparada” para tener una relación. Con un elevado desarrollo emocional y espiritual, totalmente “sana” de heridas amorosas del pasado (me costó hartooo), con creencias muy potenciadoras respecto a los hombres y las relaciones de pareja, realizada en los distintos aspectos de mi vida, habiendo vivido 3 años de soltería y disfrutado de mi “soledad” para conocerme.

Cuando lo conocí, como siempre me pasa cuando alguien va marcar mi vida, lo supe desde que lo vi. Llámenme ilusa, pero siempre ha sido así. Toda mi energía, toda mi cuerpo y corazón lo saben. Es como si, toda la intuición de mi ser, se acumulara y me diera esa certeza. Desde ese espacio de seguridad, disfruté el conocerlo, dejé que las cosas fluyeran, me entregué sin miedo a las vivencias y a darle todo el amor que estuviera en mí, sin esperar lo mismo a cambio, sin importarme lo que se pensara de mí. La conexión y la química fue extremadamente natural desde el minuto cero. Desde ese día no nos separamos. A día de hoy, luego de mi mamá jaaa, podría arriesgarme a decir que, Miguel es el que más me conoce. Con él, me mostré tal cual era, sin aparentar. Le enseñé todo lo “bueno” que tenía, pero a diferencia de otras veces, también todos mis miedos, mis confusiones, mis historias. Me permití, incluso bajarme muchas de sus expectativas sobre mí y mostrarle lo que realmente era, un ser humano que, aunque haya trabajado bastante en mí, también tiene temores y su mente le juega malas pasadas. Miguel me ha visto en situaciones tan íntimas y llenas de complicidad. Jamás lo hubiera imaginado (más aún para el tiempo que tenemos juntos); y las ha acogido con tanto amor y felicidad.

Pero…(siento decepcionarlos en las próximas líneas jajaja…)

Lo cierto es, que tanta maravilla también tiene su lado bastante retador. Conforme fueron pasando los días, conforme íbamos conviviendo; empezaron los “problemas”. (Les contaré de los míos). Empecé a reclamar, a querer cambiarlo, a quejarme de todo, a tener inseguridades por todo, a pensar de más, a alucinarme cosas que no tenían ningún sustento. Todo eso hacía que, debido a mi formación, quisiera hablar con él todo el tiempo sobre lo que estaba pasando. Esta bueno hablar, pero yo ya agotaba con tanta conversación constante. Eso también generó que, yo no viera todo el esfuerzo y los cambios que él hacía por ambos, y sólo me siguiera enfocando en “lo que no hacía”. Entonces, me llenaba de resentimiento, y lo soltaba en ironías y reclamos sarcásticos constantemente. Me volví experta en arruinar nuestros momentos juntos. Era como si necesitara que todo el tiempo me estuviera dando  pruebas de su amor. Sí, yo también soy una mortal jajaja, y lo agradezco, porque ello, me permite conectar con el mismo dolor cuando lo escucho en mis coachees. Porque a mí nadie me lo ha contado, lo he vivido, lo sigo viviendo más esporádicamente y lo sigo superando.

Como si eso fuera poco, me vinieron mil crisis existenciales, de algunas se enteró él, de otras no. Crisis que venían con premisas como estas: “Estoy perdiendo mi libertad”, “Estoy dejando de enfocarme en mis prioridades”, “No voy a poder con todo esto, si ya me faltaba tiempo, ahora va a ser peor”, “Estoy dejando de ser yo”, “Estoy cambiando todas mis costumbres”, “Estoy perdiendo la paz que tanto me costó lograr”. Todos los días me inventaba una historia. Puras excusas.

Además, tenía varios miedos de sufrimientos anteriores con los que estaba llenando mi relación actual. Proyectaba tantas cosas del pasado. Cuando se presentaban situaciones similares al pasado, me aterraba la idea que se volviera a repetir la misma historia. Ya me empezaba a ser consciente de ello, pero todavía no podía quitarme el terror a sufrir. Había días que, me salía bien, y otros que no (esos eran en los que Miguel se llenaba de mucha paciencia para soportar mi “tortura” waaaaa :P). Y entonces, había dejado de fluir. Lo racionalizaba todo. Había empezado a medir el amor que le daba.  Me reprimía, me medía y dejaba de ser y. Yo que siempre quiero demostrar todo el amor posible ante los que amo. En este espacio, había dejado de ser auténtica y esa incoherencia tampoco me dejaba ser feliz. Sabía que tenía que buscar la raíz de este miedo para que, al hacer consciente, lo aceptara y se esfumara. Meditaba y meditaba, lloraba y lloraba, escribía y escribía, leía y leía, hablaba y hablaba, preguntaba y preguntaba, hacía todos los rituales habidos y por haber, el yoga seguía ahí…pero nada. Hasta que, hace menos de una semana, cuando ya estábamos al límite y la situación se tornaba insostenible, me senté y me dije: A ver Alejandra, con toda la sinceridad de tu alma, ¿cuál es tu peor miedo?, ¿qué necesitas aceptar?, ¿a qué necesitas rendirte?, ¿contra qué eliges dejar de luchar y darle la contra?

Y por fin lo vi: Me había enamorado, pero realmente enamorado y eso me causaba terror.

Cuando me percaté que, en mis emociones, esto no estaba siendo algo temporal, sino que realmente lo estaba queriendo como sólo he querido con dedos que me sobran de una mano. Cuando la mujer súper independiente, autosuficiente y segura de sí misma, la que cree que vale muchísimo, la que es extremadamente exigente al momento de entablar una relación, la que tiene un largo check list de “lo que alguien que desea estar conmigo debe tener”; estaba totalmente enamorada (sí, con esa cara de pava que tienen los enamorados). Con ello, venía el miedo a sufrir, a perder, a depender, a necesitar, a que mi felicidad ya no dependiera sólo de mí como había sido durante estos 3 años de tanta paz. Me costaba soltar el control, dejar un poco de mi felicidad en manos del otro. Mi ego no me había dejado aceptar que había sucedido. No quería aceptar esa vulnerabilidad que uno tiene al enamorarse.

Y la solución llegó, en ese preciso momento de aceptación. En el momento que me dije: Sí, estás enamorada, y muy profundamente. Lo sé, porque me pasan esas señales que sólo me suceden cuando es real. Cuando lo miro y él no tiene que hacer nada, ni si quiera se entera y siento como me rebalsa el corazón de tanto amor. Cuando me coge la mano y sé que ya no necesito más que eso. Cuando sus abrazos empiezan a ser mi hogar. Cuando me empiezo a sentir, por fin, en un lugar seguro, en el que puedo reposar, sin tener que ser yo la que sostenga al otro (como es usual y lo amo), sino que, al contrario, alguien también me cuida. La paz llegó cuando incluso acepté que, quizá yo estaba queriendo más y eso me hacía feliz. Cuando acepté que, era uno de mis prioridades. Cuando me di cuenta que era inmensamente feliz con lo que tenía con él, aunque en muchas cosas hubiera sido distinto a lo que mi mente tan racional había “planeado”. Cuando acepté que, el tema de mi concepto y manejo de mis relaciones amorosas no había sanado del todo y que este era el momento de transcenderlo. Cuando acepté que, contra todo mi pronóstico y resistencia, me había vuelto a enamorar y con una fuerza más intensa. Cuando dejé de medirme, de comparar, de esperar. Cuando empecé a construir sólo viviendo un día a la vez. Cuando lo acepté realmente como era. Cuando me permití recordar lo que había visto al inicio en él y por mi ego había enterrado. Cuando llegó la gratitud por todas las ganas que él había puesto para que funcionará y también lo había dejado ver.

Hoy, ya dejé de luchar. Es increíble como todo se puede alinear cuando llega la aceptación de todo TAL CUAL ES. Hoy, ya no me proyecto, sólo vivo este momento intensamente a su lado. Agradeciéndole a la vida el darme su compañía todos los días. Y fluyo y lo doy todo, aunque dure un día o dure una vida.

Terminado agradeciéndole, porque sí, si estamos juntos hoy es en mayor parte por él, porque eligió no soltarme la mano cuando yo saboteaba nuestra relación a cada segundo. Porque, aunque se supone que, “los primeros meses son los más hermosos” (y los nuestros no los fueron del todo), él eligió decirme: “Bueno Ale, quizá no están siendo los meses más tranquilos, pero son hermosos. Puede que seamos de las parejas que comienzan así. Yo elijo creer que sólo es una etapa de acoplamiento y pronto llegará la calma.” Le agradezco, porque sabiamente, equilibró hacer tantas concesiones sin ego ni orgullo, y en otras, dijo no, como quien dice: “Si me amas, también me aceptas, porque este soy”. Le agradezco esa capacidad de resiliencia. La admiro en exceso. No se dé donde sacaba fuerzas para seguir sonriendo, engriéndome, sin tener resentimiento al día siguiente, como si cada día dejara atrás todo los “malos recuerdos” y sólo se quedará con el amor hacia a mí. Gracias, porque con tampoco poco tiempo de relación, hubiera sido más fácil soltar. Gracias a “eso” que le hizo elegir tantas veces lo contrario y e inspirarme a lo mismo. Toda esa gratitud se la devuelvo en elevadas cuotas de amor.

2 comments on “Los 6 primeros meses desde que conocí a Miguel

  1. Que gran articulo, sigue así Ale!

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